Alianza de la arritmia | Más de treinta años resucitando personas
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DAI

Más de treinta años resucitando personas

Hace ya más de 30 años se implantaba en Barcelona el primer desfibrilador automático implantable (DAI), un dispositivo que ha supuesto una mejoría significativa de la calidad de vida de aquellas personas que lo necesitaban.

Según el doctor Antoni Bayès, el primer cardiólogo español que implantó un DAI, “en los primeros años de su implantación se hablaba de resucitar al paciente, algo que suponía una verdadera innovación”. En los casos de muerte súbita, gracias a la acción del DAI el paciente “volvía a la vida” en unos pocos segundos. “Algo ciertamente parecido al milagro de Lázaro”, según la doctora Concepción Moro, del equipo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.

Hasta esa fecha existían los desfibriladores externos, aparatos que producen una descarga eléctrica sobre el tórax de una persona que ha sufrido una parada cardíaca. Fuera de un hospital la persona que experimentaba una fibrilación ventricular seguía muriendo súbitamente, porque resultaba imposible revertir la arritmia antes de que se produjera el daño cerebral irreversible. Se necesitaba algo que permitiera prevenir esas muertes.

Fue un médico polaco llamado Michel Mirowski el primero en tener la genial idea de diseñar un dispositivo implantable que permitiera evitar la muerte súbita cardiaca. La idea le vino a la cabeza tras la dolorosa experiencia de perder un amigo que sufrió una muerte súbita e inesperada.

Según los expertos, se estima una incidencia en Europa de la muerte súbita similar a la de EE.UU., de 350.000 episodios anuales. La causa principal del 75-80% de los casos es la arritmia más letal que puede darse en el corazón, la fibrilación ventricular.

El empuje de este médico polaco, sumado a la tecnología, permitieron el desarrollo de un desfibrilador miniaturizado. En la década de los 80 ya existía una larga experiencia con los marcapasos, aparecidos en la década de los sesenta y que servían para controlar los ritmos cardiacos anormalmente lentos. El nuevo dispositivo estaba enfocado a tratar los ritmos cardíacos rápidos y malignos, como la fibrilación y la taquicardia ventricular.

Los primeros dispositivos eran muy grandes y se implantaban en el abdomen y mediante unos cables se conectaba con el corazón. En la actualidad, son dispositivos mucho más pequeños, más eficaces y más selectivos, multiprogramables y tienen algoritmos de detección cada vez más sofisticados e inteligentes. De implantarse en la zona abdominal han pasado a alojarse debajo de la clavícula, como cualquier marcapasos convencional. Incluso la intervención para implantarlo es muchísimo más sencilla. Y en resultados, se ha pasado de tener una mortalidad del 4% a una por debajo al 1%.

En la actualidad se implantan anualmente cerca de unos 4.000 DAIs al año en nuestro país.

Para el Dr. Bayés “los avances tecnológicos no tienen fin”, por lo que los dispositivos serán cada vez más complejos y reducidos, pero permitirán “tratar y diagnosticar al mismo tiempo”, controlar a los pacientes a distancia y mejorar no solo la calidad de vida, sino también la esperanza de vida de los pacientes.

 

Fuente: ABC Salud